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Archive for 23 febrero 2011

Yo tenía once años recién cumplidos y han pasado ya otros 30, por lo que los recuerdos de aquel día se funden en mi memoria con el relato que me hicieron mis padres, sin llegar a tener claro dónde terminan unos y empieza el otro.

En cualquier caso, como soy de la opinión de que recordar es la única manera de no caer de nuevo en los mismos errores, me sumo a todos los que en este día están echando mano de la memoria para revivir un momento que pudo haber truncado la frágil democracia que estrenaba una España todavía dividida.

Aquella tarde, mi hermana y yo teníamos ensayo en el Real Coro Toxos e Froles, a cuyo grupo de baile pertenecíamos. El local estaba cerca de nuestra casa y mi padre fue corriendo a recogernos al conocer la noticia del golpe de estado. Nos dejó con mi abuelo y salió, con unos amigos, a buscar a mi madre, que todavía no había llegado a casa. Ella desconocía lo que estaba ocurriendo, había ido al médico y al salir entró en un café a estudiar un poco antes de ir a clase, ya que en aquel tiempo estudiaba Graduado Social en horario nocturno. Al llegar al centro, no había casi nadie y alguien le advirtió: “¡Han dado un golpe de Estado!”

Una vez todos en casa, los adultos seguían los acontecimientos por la radio, que no dejó de emitir en ningún momento. De hecho, mi padre grabó toda la retransmisión en varias cintas de casette, que recuerdo ver posteriormente en casa durante muchos años. Supongo que todavía las conserva.

La noche fue larga. Mi padre, que militaba en el PSOE, se había traído a casa una parte de los archivos de la sede de Ferrol, especialmente aquellos que contenían listados de afiliados, con la idea de quemarlos en la chimenea si la cosa se ponía fea. Otros compañeros hicieron lo propio.

Antes de cenar, alguien llamó al telefonillo. Era un compañero de trabajo mi padre, con el que no tenía demasiada relación, que no tenía teléfono en su casa y no se atrevía a llamar a su familia -republicana- desde una cabina en la calle. Mis padres le brindaron el teléfono y lo invitaron a compartir una tortilla con ellos y sus amigos. La velada se prolongó hasta las seis de la mañana, hora en la que cada cual se volvió a su casa. Nunca este compañero mencionó esta noche a mi padre ni cambió la relación que hasta esa fecha habían tenido. Como si no hubiese pasado.

Algunos años más tarde, mi padre me regaló una cinta grabada por él y que todavía conservo. “En recuerdo de una época que viviste pero que no conociste, de tu padre”, decía con su propia voz al principio de la grabación. Después, un corte de Tejero en el Congreso y, a continuación, una selección de canciones de Serrat, Lluis LlachVíctor Jara, Jarcha, Nacha Guevara… cantando a la libertad, el respeto, la justicia, la democracia…

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El mundo sería mejor si lo viésemos bajo el prisma de un niño de cuatro años. Sería mas simple, sí, pero también lo entenderíamos mucho mejor y las soluciones serían obvias, por su lógica aplastante.

En los últimos días, yo he tenido el privilegio de seguir los acontecimientos de Egipto a través de mi hijo Jorge, de esa edad… Sí, sí, no es broma. La culpa de todo la tiene su profe Alicia, una rara avis de la educación infantil que, empeñada en hacer reflexionar a los pequeños, somete a debate en su aula temas tan elevados como la muerte, a través del viaje de la perrita Laika al espacio; el arte, con obras tan difíciles y sobrecogedoras como “El grito” de Munch o, mas recientemente, el seguimiento de las noticias sobre Egipto.

Hace unos días, la radio abría el informativo de las 8 de la mañana con la concentración de los opositores a Mubarak en la plaza Tahrir de El Cairo.

“¡Murabak!”, dijo Jorge. “Nos habla de él la profe Alicia”.

“¿Sí?, ¿y qué os cuenta”

“Mubarak está en Egipto… Espera que te traigo la bola del mundo para que veas dónde es…”

(Espero a que regrese)

“¿Lo ves?, Es aquí, en África”

“Ya veo, y ¿qué pasó con Mubarak?”

“Pues que puso a la gente enfadada, porque es un dictador y dice <Todos a hacer plasti!!> y lo dice muy alto, gritando y con altavoces. Además es muy rico y la gente protesta”.

Me quedo pasmada y él, orgulloso y consciente de la admiración que despierta, pone al tanto de la situación a todo el que se presta a escucharle. A los abuelos se les cae la baba.

El domingo, Jorge repara en el titular de la primera pagina de La Voz de Galicia que decía: “El pueblo esta harto de Mubarak”, según los gallegos que vienen de Egipto.

“¿Lo ves? –dice golpeando el periódico con el dedo índice– ¡Esta es la noticia!”

Ahora continúa al tanto y ya me contó que el dictador se marchó “seguramente a otro país” y que los egipcios van a poder votar y elegir a qué quieren jugar.

“Porque eso es democracia”, sentencia.

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